las multinacionales del low cost

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Me pregunto siempre que hablamos del tercer mundo, cuando discutimos sobre si hay que ayudar, etc etc, si somos conscientes de que el problema no es del todo nuestro, que detrás hay unas multinacionales globalizadas que por interés pròpio deciden cómo, cuándo y que debemos consumir sin más interés por su parte que generar beneficios para ellos y para sus accionistas. Especuladores de mercados de futuros como cereales, arroz o azucar que aumentan artificialmente su costo para conseguir jugosos y rápidos beneficios.

Me pregunto si estaríamos dispuestos a pagar un precio justo por muchos productos de consumo “low cost”, por lo que quienes los producen vieran mejorada su calidad de vida.  En el fondo se trata de saber si en vez de pagar 40 € por un móvil estarían dispuestos a pagar 100 de euros, y así con todos los productos de consumo inútil que adquirimos de forma compulsiva en nuestro apacible día a día. Me pregunto si no preferiríamos melocotones que olieran a melocotones, y verdura fresca a su tiempo y a un precio justo, en lugar de consumir cualquier producto de congelador con sabor a nada y a bajo precio. Me pregunto si no deberíamos cambiar de hábitos de consumo de forma global, cambiando a modo local, como antes, como siempre hasta hace poco donde se consumía con mesura y cada cosa a su tiempo, siguiendo la vieja pauta de la naturaleza.
Reclamo el derecho a pasar por delante de una frutería y disfrutar del olor de la fruta fresca acaba de cosechar, de comer verdura fresca y fresas a su tiempo, recién reclectadas y a un precio justo, para mí y para quien me las vende y también para quien las cultiva.
No somos culpables nosotros que alguien importe cerezas de Chile en enero, ni de consumir kiwis de invernadero todo el año, o tomates que ni huelen a tomate ni sirven para untar el pan, Ni somos culpables, ni creo lo queramos ser. El problema no somos nosotros, el problema son las multinacionales y grandes distribuidores ávidos de ganar dinero exprimiéndolo todo, ellos son el problema que hay que erradicar, más no creo sea posible, mandan más que los Gobiernos y en el fondo son los que deciden que, como y cuando debemos consumir e incluso, como hay que medicarse, se cuidan ya de inventar epidemias o las enfermedades si hace falta. Ahora, siempre a “low cost”, eso si.

el derecho a una muerte digna

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El Consejo de Ministros aprobó el pasado trece de mayo el anteproyecto de ley de Cuidados Paliativos y Muerte Digna, una norma que pretende aclarar los derechos de los pacientes en situación terminal y las obligaciones del personal sanitario que los atiende. La ley consagra los derechos a renunciar a un tratamiento médico y el uso de sedaciones terminales aun a costa de acortar la agonía y acelerar la muerte. El texto también reconoce el derecho del paciente a que, en la etapa final de su vida, se preserve su intimidad y la de su familia, y que esté acompañado ya que se le permita recibir el auxilio espiritual que soliciten licite de acuerdo con sus creencias. La ley establece que, al menos en la fase de agonía, el enfermo podrá pasarla en una habitación individual.
Este anteproyecto está pendiente de ser refrendado por el Parlamento y ya no se hará en esta legislatura, por lo que no queda claro que el próximo Gobierno, presumiblemente del PP la acabe aprobando. 

De hecho. no acabo de entender hasta qué punto una persona necesita del permiso del Estado para decidir su derecho a una muerte digna. Ya que no ha sido consultada en el momento de ser llevada aquí, creo que tiene todo el derecho personal a decidir cuándo irse, tanto si está enfermo como si no, pues en muchos casos malvivir para morir se puede considerar un acto indigno, y teniendo en cuenta que el infractor, quien ha cometido el primer agravio no ha sido la persona, y como no está claro a quién hay que exigir esta responsabilidad (los padres son unos meros ejecutores de un proceso biológico) no entiendo la intromisión del Estado o la Iglesia – en el caso de los católicos – en un acto que entiendo personal e intransferible

se han perdido las formas

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A menudo se habla del peligro de la labor de los periodistas al realizar su trabajo en lugares donde hay conflictos latentes o reales, y a menudo también cae más de uno en la batalla del olvido, de la muerte de segunda, y es que incluso en este aspecto se han perdido las formas y desgraciadamente la muerte de un periodista en acto de servicio ya no es ni siquiera noticia, a menos que sea del propio país. En los tiempos de las guerras convencionales, periodistas, sanitarios, cruz roja, hospitales, eran grupos que incluso en plena lcontienda eran respetados. Dentro del desastre se mantenía un mínimo de decoro o de respeto, respeto que se empezó a perder hace ya tiempo, de hecho, al finalizar este tipo de guerras convencionales que, a pesar de la crueldad tenían todavía un punto de romanticismo ético. Ahora la guerrilla, urbana o no, el terrorismo, se manifiesta despojado de ninguna virtud. Es la lucha con toda su crudeza, además la lucha del enemigo desconocido contra gente indefensa, que puede atacar y hacer daño cuando, dónde, cómo y contra quien le parezca, o muchas veces al azar, el hacer daño por hacer daño, para crear terror entre los ciudadanos indefensos. Ante esta nueva manifestación del terror no hay nada que hacer, las medidas que puedan tomar los Gobiernos no sirven para nada y suelen ser incluso ridículas, como las de los aeropuertos; aunque de hecho sí que sirven, por recortar cada vez más nuestra libertad como ciudadanos y tenernos más vigilados y controlados. Los daños colaterales del 11-S nos afectan mucho más de lo que pensamos, a raíz de los hechos de aquellos día en Nueva York, la pérdida de derechos y libertades de los ciudadanos se ha acentuado, sin que todas estas medidas de control y presión sirvan para garantizar de que no se producirá otro. Debería ser obligatorio leer Huxley y Orwell, la gente entendería mucho mejor lo que nos está pasando.

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